Antonio Álvarez, Periodista agroalimentario

El e-commerce genera nuevas expectativas en el sector hortofrutícola, uno de los más avanzados en la incorporación tecnológica, cuyos usos los extiende ahora a la comercialización online con resultados que vaticinan buenos pronósticos.

Por Antonio Álvarez
Periodista agroalimentario

Uno de los grandes retos de la agricultura del presente es cómo producir más con menos. Según estimaciones de la FAO, dentro de 32 años, es decir, en el 2050, unos 9.000 millones de personas habitaremos en la Tierra lo que hará necesario aumentar la producción de ciertos alimentos básicos como las frutas y las hortalizas. Para ello, parece indudable que las nuevas tecnologías tendrán un papel fundamental en cómo producir más con un menor coste y a través de unas prácticas más sostenibles y respetuosas con el medioambiente.

España es el segundo mayor productor de frutas y hortalizas de la Unión Europea y el sexto del Mundo. Con una producción anual de unas 26 millones de toneladas y un valor superior a los 13.000 millones de euros, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, el sector hortofrutícola es uno de los más potentes de la agricultura.
En total, más de 400.000 personas trabajan en el sector hortofrutícola, lo que representa al 50% del empleo agrario, según datos de la Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas, Hortalizas, Flores y Plantas (FEPEX). Todas las zonas de España tienen, a distintos niveles, producción de frutas y hortalizas.

Pero es en el arco del Mediterráneo, Andalucía, Extremadura y Canarias donde se concentra la mayor parte de la actividad. Precisamente, zonas donde la agricultura se ve más condicionada por la escasez hídrica. Es por ello que la tecnología se ha convertido en un gran aliado para mejorar la eficiencia en el riego. Y aquí la sensorización juega un papel clave. Una herramienta que se está aplicando de manera diferente, pero con un objetivo común: lograr una agricultura de precisión que ayude a los productores en la toma de decisión.

 

Un ejemplo en Andalucía
De esto sabe mucho Karl Vanderlinden, del Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera (IFAPA) de la Junta de Andalucía. Este belga afincado en el sur de España nos explica cuándo y dónde se aplicó por primera vez la sensorización. “Fue en los años 80 en Estados Unidos. Se desarrolló un sensor pensado exclusivamente en la agricultura para medir la conductividad eléctrica aparente del suelo. Estamos hablando de un sensor de inducción electromagnética basado en el principio de la corriente que genera un campo magnético”.

Muchos han sido los estudios que se han desarrollado desde entonces. Primero en las universidades norteamericanas, y desde hace unos cuantos años también en Europa. Como hace el propio Vanderlinden en el IFAPA donde forma parte del proyecto AGROINNOSENS que pretende dar a conocer e introducir los sensores de inducción electromagnética en varios cultivos, entre ellos los de frutas y hortalizas, implementando esta tecnología para delimitar zonas de manejo uniformes y estimar el potencial productivo, la capacidad de almacenamiento de agua en el suelo y la distribución espacial en 3D de la salinidad.

Lo consiguen gracias a un sistema de sensorización no invasivo, lo que le aporta un carácter pionero, “Tenemos un sensor con cuatro combinaciones de bovinas que están a distintas distancias, lo que nos permite obtener cuatro señales de conductividad eléctrica aparente”, detalla Vanderlinden. Una herramienta que portan en un llamativo ‘trineo’ de plástico arrastrado por un quad: “A una velocidad de cinco kilómetros por hora podemos obtener un mapa de una parcela de dos hectáreas. Con este tipo de agricultura de precisión llegamos a ver cómo afecta el riego y las labores agrícolas en la parcela”, afirma el investigador del IFAPA.

Cual doctores tras una radiografía, esta sensorización no intrusiva aporta al productor un mayor conocimiento a la hora de tomar una decisión sobre cuánto fertilizar o dónde hay una mayor necesidad hídrica.

Precisamente, para Vanderlinden la sensorización es básica para avanzar en la optimización del riego. “Por ejemplo para aplicar patrones en el riego de precisión a través de la sensorización de la humedad del suelo”. Un camino que su grupo de investigación emprendió en una parcela de olivar en Écija donde con el ‘trineo’ de sensores geofísicos consiguieron mapear 38 hectáreas de terreno con la idea de, posteriormente, configurar el sistema de riego acorde a las necesidades de cada zona. Es lo que se conoce como Variable Rate Irrigation: “Con pívots o rangers y con la tecnología de hoy en día podemos variar la cantidad de agua de cada aspersor. Incluso modificar la velocidad con la que se desplaza la máquina lateralmente para variar el patrón de aplicación del agua”. Sin embargo, la falta de personal tiene aparcado este proyecto, según reconoce Vanderlinden.

 

De Andalucía a Extremadura
Otro de los referentes en la investigación de la sensorización en las explotaciones hortofrutícolas es Carlos Campillo, del Centro de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Extremadura (CICYTEX). Lleva más de 20 años trabajando en este campo para mejorar la toma de decisiones en las prácticas agrícolas de cara a ahorrar insumos. Para Campillo, hay una gran cantidad de tecnología, pero el problema es que, generalmente, no se aplica correctamente, bien por limitaciones presupuestarias o por falta de conocimiento.

Así, con el objetivo de fomentar la divulgación del conocimiento, la Unión Europea está desarrollando la plataforma de intercambio de conocimiento Fertinnowa, una base de datos donde volcar las tecnologías y prácticas innovadoras para la fertirrigación de los cultivos hortofrutícolas. “Una información a disposición de los agricultores para que la pongan en práctica en sus explotaciones”, explica Campillo quien actualmente trabaja en automatizar el riego a través de la información obtenida de la sensorización.

Lo desarrolla en una explotación de dos hectáreas de ciruelo en Villafranco del Guadiana (Badajoz). “Un trabajo que procede de un proyecto anterior que funcionó muy bien en una parcela comercial de olivar donde controlamos cuatro hectáreas. Con la ayuda de los sensores conseguimos ahorrar entre un 10% y un 15% de agua”. Una reducción hídrica que vino acompañada de un aumento de en la producción.

Sin embargo, para este experto aún queda mucho camino por recorrer en la sensorización para determinar modelos nutricionales en las plantas. “El problema es que no hay sondas de medida de forma continua. Para ello se necesita hacer medidas en campo. Nosotros, en un proyecto de una explotación de tomates, vimos que en ciertas partes de la parcela había un exceso de abono respecto a otras, con lo que se podría haber reducido el gasto en insumo”, explica Campillo.

¿Y cómo está trabajando en este sentido? A través de sistemas de medida de la conductividad eléctrica del suelo. “Es un sensor que mide parámetros de textura, salinidad y humedad del terreno. En tres o cuatro horas podemos medir 60 o 70 hectáreas para dirigir la toma de muestras de suelo. De ahí hacemos mapas del contenido de nitrógeno de toda la parcela. Así, podemos ayudar al agricultor cuando vaya a abonar y, por consiguiente, que tenga un ahorro en la aplicación del fertilizante”.

 

Y vuelta a Andalucía
Otro de los ejemplos de lo que ha conseguido la sensorización de las explotaciones hortofrutícolas lo encontramos en Huelva. España es el primer productor de la Unión Europea de fresas y el 95% de esta fruta procede de la provincia onubense. Aquí, los agricultores de la zona tienen un condicionante medioambiental adicional: el Parque Nacional de Doñana. Las marismas de este paraje natural están en peligro, por lo que el ahorro hídrico en los cultivos circundantes se hace aún más necesario.

Un grupo del área de Ingeniería Hidráulica de la Universidad de Córdoba logró ahorrar hasta un 18% el uso del agua en una explotación de casi 1.500 hectáreas de fresa manteniendo la producción y la calidad. En 1.223 de las 1.401 hectáreas en las que trabajaron, consiguieron un ahorro medio de 1.416 metros cúbicos de agua por hectárea, lo que significó un recorte del gasto hídrico de casi el 20%.

¿Cómo lo consiguieron? En tres fases. “Empezamos en 2010. En la primera etapa realizamos una monitorización del uso del agua en una serie de fincas trabajando mano a mano con los agricultores. En la segunda etapa, analizamos los problemas y buscamos solución. Y por último, instalamos el sistema de precisión”, explica Manuel Martín, ingeniero de la Universidad de Córdoba y uno de los miembros de este proyecto que concluyó en 2016. El objetivo era determinar el momento, frecuencia y tiempo de riego adecuado según las características del cultivo, el clima y el suelo.

Por lo tanto, el control de la humedad en el perfil del suelo fue uno de los pilares del proyecto. Utilizaron sondas de humedad que les permitió “conocer el comportamiento de los bulbos de humedad y determinar si el riego era excesivo o deficitario. Lo normal es utilizar sondas de humedad capacitivas (FDR), instaladas a tres profundidades: 12, 25 y 40 centímetros y conectadas a un datalogger que registra los datos cada 15 minutos”, según detalla este grupo de ingenieros hidráulicos de la Universidad de Córdoba en el documento de conclusiones del proyecto.

De este trabajo nació ‘Irrifresa’ una aplicación para dispositivos móviles con la que el agricultor puede realizar una programación de riego óptima para el cultivo de la fresa en base a los datos obtenidos de la sensorización de la explotación. Se trata de un software de libre difusión con el que el agricultor puede llevar un control diario de la zona de cultivo y programar el riego acorde a las necesidades de la planta.

Un paso más en el desarrollo derivado de la aplicación de las nuevas tecnologías a la agricultura. Con ‘Irrifresa’, el productor tiene en la palma de su mano toda la información que le aportan los sensores instalados en la parcela para programar el tiempo de riego que la parcela necesita logrando un ahora hídrico bueno para su bolsillo, pero también para el futuro del Planeta.